Como decíamos ayer, los Mursi nunca comerían damanes por tener patas como de perro. Esta afirmación es la manera no científica (o no científica occidental) de colocar a los Procavidos en un lugar muy apropiado en el árbol de la evolución.
Los damanes pertenecen a la familia de los Procavidos, dentro del orden Hyracoideos y seguro que muchos sabéis que los damanes (en inglés hyrax o rock rabit y en afrikaans o alemán dassie) son los animales vivientes más próximos filogenéticamente a los efantes (Proboscideos). Sus molares son lofodontos (cúspides unidas en crestas); con ciegos en el intestino; tienen un útero doble y testículos que permanecen junto a los riñones, como en los elefantes. Las especies del género Procavia son comunes en toda África, salvo Madagascar, y sobre todo en las estepas de Arabia, Palestina y Siria; residen en madrigueras en las rocas aunque también los hay arbóreos. En otra ocasión os cuento cuáles son mis favoritos y a tenor de qué los escojo.
La historia de estos animales es interesante porque aunque del superorden penungulados (es decir, casi ungulados) se conservan más representantes, en definitiva los elefantes y damanes son un número relativamente pequeño de testigos de tales líneas numerosas de herbívoros, que ya en el Eoceno alcanzaron tamaño considerable. Los hiracoideos o damanes son animales paleárticos y afrotropicales, y existen desde el Oligoceno; se trata de pequeños herbívoros que ocupan un nicho ecológico y biotopo semejante al de los conejos y seguramente deben parecerse a los pequeños ungulados primitivos de la Era Terciaria.
Resisten extremadamente bien la aridez dado que sus sistema excretor es muy eficaz en términos hídricos, generando una orina muy densa que antes de ser expulsada pasa varias veces por el sistema. De hecho es uno de los animales del desierto africano, o al menos de las zonas fronterizas del desierto con otros biomas. A pesar de ser homeotermo le encanta tomar el sol, pero nunca muy lejos de sus madrigueras, que son huecos en las rocas, con un acceso más o menos complicados para sus depredadores. Las colonias pueden llegar a ser de hasta 100 individuos aunque normalmente están entorno a los 20.
Lo interesante y relacionado con sus patas es que son plantígrados, es decir que apoyan las plantas de los pies totalmente al andar (podiales y metatarsales apoyados totalmente sobre el suelo, o sea como nosotros). Poseen cuatro dedos delante y tres en los miembros posteriores y una uña en el dedo interno que emplean para rascarse. Cierto es que los perros no son así, pero para los Mursi hay una divisón clara en las patas de los animales, o son como de perro o son como las de las vacas. Y hay una cosa clara, que si apoyan todo el pie como nosotros…quizá no estén buenos.
En otro rato os cuento qué y cómo comen, y sobre todo, cómo excretan, que seguro que os resulta fascinante.
